sin embargo

julio 8, 2015 § Deja un comentario

Todas las declaraciones veterotestamentarias acerca de Dios están atravesadas de un profundo “y sin embargo”. Así, leemos que Dios es fiel o justo, y sin embargo… O que interviene en favor de los suyos, y sin embargo… En esto consiste la extraña novedad del Antiguo Testamento: que el creyente no es solo el que confía en las promesas de Yavhé, sino aquel, que sin renegar de la experiencia fundacional de Egipto, se atreve a dudar de Dios—a interpelarlo. De hecho, si el creyente confía en Yavhé —en su promesa, en su fidelidad, en su intervención final— es porque nunca acaba de saber por dónde le saldrá. El creyente no deja de tener la mosca en la nariz. Dios, bíblicamente hablando, está en el aire. Y por eso mismo es un Dios que está vivo y coleando. Por tanto, podríamos decir que es este y sin embargo el que dota al testimonio veterotestamentario de una enorme credibilidad, credibilidad que, por cierto, se encuentra a faltar por lo común en la predicación cristiana —que no en el evangelio—, quizá por la excesiva preocupación de los pastores en cuadrar las cosas de Dios o, lo que acaso sea peor, por haber eliminado de Dios su inquietante libertad. Así, puede que sea verdad que el Dios cristiano sea un Dios que ha muerto a causa de su ilimitada bondad.

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