rock progresivo

julio 2, 2015 § Deja un comentario

Cualquier avance tiene un coste. Esto es, algo válido se deja atrás. El progreso no es un juego de suma cero, ni siquiera cuando hablamos de progreso moral. Así, lo que pierde la cristiandad con su rechazo del maniqueísmo es la percepción de la vida como combate. Como es sabido, el maniqueísmo contempla el mundo como un enorme campo de batalla entre las potencias del Bien y el Mal. Satán existe y hay que enfrentarse a él. Está en juego el destino del mundo. Es obvio que, cuando cristianamente damos por hecho que todo acabará bien, como en las películas de Hollywood, fácilmente acabamos viendo el Mal como un error o un problema, aunque se trate de un problema sangrante, que admite una solución más o menos técnica. Pero el Mal no es un error o un problema a resolver, sino un enemigo al que vencer. Uno tiene la impresión de que el Mal se encuentra arraigado en la naturaleza misma de las cosas. Que hay algo así como una perversión natural que impide que podamos vivir en paz. Ciertamente, para un cristiano de lo que se trata es de hacer el bien. Pero a veces no estaría de más estremecerse ante la posibilidad de que Dios —y más si estamos hablando de un Dios que se pone en manos de los hombres— pierda la partida. Pues diría que lo que anda en juego es, precisamente, el vigor.

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