no n’hi ha per tant

julio 1, 2015 § Deja un comentario

Muchos creyentes de hoy en día, cuando se ponen a leer, pongamos por caso, el libro de Job, sienten una cierta desazón, pues no se sienten abrumados por el Mal. Y es cierto: para quienes vivimos al margen del sufrimiento de los hombres —quienes experimentamos a lo sumo un sufrimiento doméstico—, la fe es algo “complementario”, eso que dota a nuestra existencia de una cierta profundidad. Así, fácilmente llegamos a creer que para creer no es necesario pasar por la prueba de un mal abisal, extremo. Y, sin duda, para creer que somos una especie de muñequitos de sal que acabaremos disolviéndonos en las inmensas aguas del océano de la divinidad, no hace falta pisar el Gólgota. Pero diría que la fe cristiana es otra cosa. Pues, la cuestión a la que se enfrenta es si hay vida más allá de los lager de la Historia, esto es, si hay o no resurrección de los muertos. O, por decirlo con otras palabras, qué vida pueden esperar aquellos a los que la vida les ha sido arrancada injustamente antes de tiempo. De ahí que el horizonte de la vida cristiana no sea el de la satisfacción —o, si se prefiere, el de la liberación de la cárcel del ego—, sino el de la salvación de los hundidos, aunque, sin duda, los que fueron salvados difícilmente pueden seguir encerrados en los estrechos límites de la subjetividad.

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