juego sucio

junio 12, 2015 § Deja un comentario

Creer que Jesús de Nazareth es de la misma naturaleza que el Padre porque, entre otras razones, mantuvo una especial relación con Dios es pecar de mala fe. Suele decirse que, en el judaismo antiguo, nadie, salvo Jesús, se hubiera atrevido a emplear la expresión “abbá” para dirigirse a Dios. Como es sabido, la expresión —papá en arameo— denota un trato familiar, excesivamente familiar. De hecho, es la palabra que empleaban los niños para dirigirse cariñosamente a sus padres. Por eso, fácilmente, muchos concluyen que, si Jesús la empleaba, es que era íntimo de Dios, tan íntimo que, en verdad, era como Dios. Como si, al fin y al cabo, esa intimidad fuera una prueba de la naturaleza divina del profeta escatológico que fue Jesús. Pero esto, sencillamente, no es tal y como nos lo cuentan. Pues en el judaismo antiguo, el término “abbá” era empleado por aquellos taumaturgos que atribuían su poder, precisamente, a una especial relación con Dios. Así tendríamos, por ejemplo, al rabí Honí, el trazador de círculos, el cual fue acusado de ser irrespetuoso con Dios, por dirigirse a él como “abbá” (como Jesús). O el rabí Haniná ben Dosa, el cual creía que ser Hijo de Dios en un sentido especial. Lo normal es que un taumaturgo se considerara más cerca de Dios que el resto de los mortales. Pero, de ahí, a creer que eran como Dios media un paso. De hecho, un gran paso.


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