demos

mayo 9, 2015 § Deja un comentario

Nuestra democracia se parece cada vez más al teatro, a la liturgia: todo gira alrededor de la representación. Como en el caso de aquel sorteo de la Champions, en donde las bolas estaban marcadas. Los emparejamientos se decidieron de antemano, pero había que disimularlo: como si se tratara efectivamente del azar. Así, solo en apariencia el poder se decide en las urnas. La democracia es, hoy en día, un guardar las formas. Aunque esto siempre fue así con respecto al ejercicio del poder. Pues, el ejercicio del poder solo puede legitimarse en relación con lo que debería ser (y, sin embargo, no puede ser). El poder se alimenta de la ilusión de los hombres.

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