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abril 30, 2015 § Deja un comentario

El desconcierto eclesial es tan notable que muchos predicadores se limitan hoy en día a decir que, al fin y al cabo, lo único que importa es ser buena gente. La palabra redención, como pasa con esos trajes usados, nos ha quedado grande. La pregunta, sin embargo, es a quién satisface este kerygma. No a los que permanecen atados a los árboles. No a los locos de Grégoire. Nos satisface a nosotros, jóvenes ricos. Se trata, pues, de un mensaje consolador para aquellos que no queremos que nos busquen las cosquillas, que el otro no nos interrumpa demasiado. Los predicadores del buen rollo son, en definitiva, los socialdemócratas del cristianismo actual. La redención no es para nosotros. Nosotros creemos que la redención no es nuestro tema. Nuestro tema es la felicidad. En cambio, para quienes se encuentran atados de los árboles —los olvidados de los olvidados— la cuestión es si es posible la redención. De ahí, que aquellos cuya humanidad ha sido restituida por la obsesión de Grégoire, crean que el tema no es ser simplemente buena gente, sino anunciar que lo imposible ha tenido lugar. El cristianismo, obviamente, es algo más que una receta para la dicha.

(http://www.lavanguardia.com/lacontra/20111101/54236663910/primero-el-ser-humano-luego-el-dinero.html)

 

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