el cuento del amor romántico

abril 17, 2015 § Deja un comentario

El amor romántico —el encuentro de las almas— es un mito o, mejor dicho, una excepción. Los amantes siempre se encuentran fuera del mundo. De hecho, una relación —cualquier relación— acaba siendo con el tiempo una relación de dominio, a menos que se trate de una relación meramente contractual entre iguales. Pero una relación contractual no es, propiamente, un vínculo. Nadie ama a su cliente (o al menos no lo ama por ser su cliente). Así, uno es el fuerte y otro el débil; uno, el amo y otro, el esclavo; uno, el cautivador y otro, la víctima. De ahí que el destino del amor romántico —o quizá deberíamos decir el mejor destino— sea la separación, la emancipación de la víctima. Ahora bien, es ese destino —esa separación— la que hará posible, precisamente, el amor. Pues, es aquí que al amo se le abre la posibilidad de la redención. Y es que solo en el momento en que la parte débil se ha liberado de su influjo, el amo puede reconocer cuánto le debe a su víctima, a su sacrificio. Le debe de por vida su manutención. Probablemente el amo solo pueda reconciliarse con su víctima —amarla— poniéndose en sus manos. La separación es, por tanto, el precio que el amante tiene que pagar para poder realizar la promesa de los orígenes. La vida es, sencillamente, así.

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