traduttore, traditore

febrero 25, 2015 § Deja un comentario

Si Jesús de Nazareth hubiera sido un contemporáneo nuestro difícilmente formularíamos lo que esa vida pudiera representar para nosotros en los mismos términos que originariamente. Nada, pues, de Hijo de Dios, ni de Cordero, ni siquiera hablaríamos de Mesías. Probablemente, tampoco pondríamos a Dios por en medio. A lo sumo, diríamos que Jesús estaba lleno de la fuerza de la bondad o, en su defecto, del espíritu de Dios, teniendo en cuenta que se trata de un espíritu post mortem. Es obvio que no diríamos lo mismo. Los esfuerzos pastorales por actualizar el kerygma original al lenguaje de la modernidad estan, por tanto, condenados al malentendido, por decirlo suavemente. A menos que originariamente ya se quisiera decir algo parecido —que de Dios solo queda el espíritu de un Crucificado—. Es decir, a menos que el mismo lenguaje originario fuera ya de por sí impropio.

 

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