impostura

febrero 20, 2015 § Deja un comentario

Quizá porque nos hemos acostumbrado a ello, pero no deja de ser sorprendente que el cristianismo, con Pablo a la cabeza, haya hecho de la cruz de aquel que murió como un impostor, el lugar del sacrificio de Dios. Que los hombres estemos en deuda con la inmolación del Padre ¡este es el gran hallazgo cristiano! Así, no es el sacrificio del hombre el que nos hace capaces de Dios, sino al revés. O mejor dicho, es el sacrificio del hombre fiel a Dios el que, al fin y al cabo, se revela como el sacrificio mismo de Dios. Que nosotros sigamos ofreciendo nuestras ofrendas a Dios etsi Golgota non daretur es algo que el cristianismo no puede admitir como propio, aunque de facto lo haga. Pues ante el sacrificio de la divinidad uno solo puede obedecer, esto es, responder a la demanda infinita del otro con el que Dios se identifica: el humillado, el desgraciado, el sin Dios.

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