moderno de pueblo

febrero 7, 2015 § Deja un comentario

La situación del sujeto moderno —su carácter, su constitución— es semejante al hombre que pretendiera observarse a sí mismo mientras abraza a una mujer. Verse a sí mismo como otro: esa es la gran extrañeza, la gran deformidad, el error de una perspectiva invertida. Ese hombre, con la excusa de la claridad, ya no puede ver los ojos de la mujer que abraza. Y lo que, acaso, sea peor: queda fuera del alcance de su mirada. Nada puede interrumpir su confort. Ese es el hombre que, fuera de sí, intenta comprenderse como el entomólgo puede llegar a comprender el comportamiento del insecto. Es evidente que así permanece blindado a la irrupción de algo en verdad otro. Una realidad sin nada de por sí inalcanzable —una realidad objetiva, compuesta de simples hechos que se dan según la medida de la receptividad del yo— no es nada real. No es causal que el mito inaugural de la modernidad —la imagen cartesiana por excelencia— sea, precisamente, el de alguien que permanece encerrado en su sueño, su alucinación. De ahí que el tema imposible de la modernidad sea, precisamente, el de cómo recuperar la alteridad perdida desde la posición del espectador. El problema es que el discurso de quien permanece en la escena ha perdido su antigua legitimidad.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo moderno de pueblo en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: