la modernidad en un salón de belleza

diciembre 24, 2014 § Deja un comentario

Nadie puede discutir que la modernidad sea hija del cristianismo. Antiguamente, la distinción entre cielo y tierra hallaba su correlato sociológico en la distinción entre el noble y el esclavo. Los nobles son fuertes y sus mujeres bellas. Los nobles andan erguidos. En cambio, los esclavos, los pobres, van envueltos en harapos, sus cuerpos huelen mal, carecen de modales. Viven como perros y, por consiguiente, son perros. Así, no era extraño, al contrario, que un pobre viera inmediatamente al noble como la encarnación de una especie de dios. Que cualquiera mujer pueda, si se lo propone, llegar a ser una diosa (o, cuanto menos, parecerlo), con un poco de dieta y maquillaje; que cualquiera se atreva a comer carne (aunque sea picada), que el mal olor no sea una condición: esto no hubiera sido posible sin la revolución cristiana.

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