dioses en el cerebro

noviembre 19, 2014 § 1 comentario

El neurólogo Joaquín Fuster, en su reciente libro Libertad y cerebro, sostiene que en el cerebro las redes neuronales luchan entre sí para hacerse cargo de la acción, como quien dice. La que triunfa, decide. ¿Quién iba a decirnos que los dioses, una vez fueron expulsados de los cielos, se instalarían en nuestras nueronas? Más aún: ¿acaso esta manera ciertamente antropológica de hablar, no la encontramos en los grandes textos de la Antigüedad a propósito, precisamente, de las potencias que someten nuestra existencia? ¿Es que por ello diremos que Joaquín Fuster peca de superstición? Es así que topamos, de nuevo, con lo bíblico. Pues para una sensibilidad bíblica la libertad no se decide en el plano de la acción, sino en el de encontrarse sometidos a un deber insatisfacible. Porque debemos hacer lo que en modo alguno podemos hacer —entre otras razones porque cuanto más cerca, más lejos—, no somos los titeres de las fuerzas impersonales que animan el cosmos.

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§ Una respuesta a dioses en el cerebro

  • Miguel Faus dice:

    Me ha recordado mucho a lo que decía Cioran en “El decorado del saber”: “Nuestras verdades no valen más que las de nuestros antepasados. Tras haber sustituido sus mitos y sus símbolos por conceptos, nos creemos más «avanzados»; pero esos mitos y esos símbolos no expresan menos que nuestros conceptos. El Árbol de la vida, la Serpiente, Eva y el Paraíso, significan tanto como: Vida, Conocimiento, Tentación, Inconsciente. Las configuraciones concretas del mal y del bien en la mitología van tan lejos como el Mal y el Bien de la ética. El Saber -en lo que tiene de profundo- no cambia nunca: sólo su decorado varía. Prosigue el amor sin Venus, la guerra sin Marte, y, si los dioses no intervienen ya en los acontecimientos, no por ello tales acontecimientos son más explicables ni menos desconcertantes: solamente, una retahíla de fórmulas reemplaza la pompa de las antiguas leyendas, sin que por ello las constantes de la vida humana se encuentren modificadas, pues la ciencia no las capta más íntimamente que los relatos poéticos.”

    Un abrazo Josep, sigo leyendo esto con entusiasmo

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