no quiero sacrificios

noviembre 15, 2014 § Deja un comentario

Según cuentan los que saben, el sacrificio no es, en su origen, un rito de retribución. Esto es, de entrada no pretende prevenir o apaciguar el descontento del dios de turno. Por ejemplo, cuando en la ceremonia de las Fordicias se inmolaban vacas preñadas en honor de Tellus y Ceres, lo que se pretendía era potenciar, por simpatía, el poder misterioso de la fecundidad de la Tierra. Solo posteriormente, las potencias misteriosas que sostienen el cosmos se comprenden como atributos de los dioses y, por tanto, como algo que solo cabe controlar llegando a establecer un buen trato con los dioses. Pues bien, si esto es así ¿qué significa que el Dios de Israel rechace el sacrificio ritual? Es decir ¿qué representa dicho rechazo en una época en donde el sacrificio expresaba la comunión del hombre con la divinidad? Es obvio que no parece que para Dios el tema sea, precisamente, Dios. El tema no es, por tanto, la plenitud, el acabar poseyendo, al menos simpáticamente, el poder que sostiene la vida de cuanto ha sido creado. Si hay plenitud, está se dará por añadidura, como quien dice. Es como si el Dios que nos convierte en rehenes del hermano nos dijera: mientras haya hambre, en nombre de Dios, olvídate de Dios.

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