una vez más: Atenas y Jerusalén

octubre 8, 2014 § Deja un comentario

En tanto que occidentales, tenemos una doble filiación: Atenas y Jerusalén. El tema no es secundario, pues buena parte de nuestros conflictos internos —de nuestra profundidad— proceden del hecho de que ambas ciudades no acaban de hacer las paces. Así, por ejemplo, con respecto a la posibilidad de la integridad, de ser, en definitiva, de una pieza. Como griegos que somos no parece que pueda haber otra integridad que la que se ejerce como un dominio de sí. Quien es de una pieza es dueño de sí mismo, lo cual no debe entenderse como si hablásemos de hacer lo que a uno le apetezca. Quien hace lo que le apetece es esclavo, como quien dice, de sí mismo. Solo hace falta haber dejado la infancia atrás para caer en la cuenta de que, si bien sabemos lo que nos apetece, no tenemos tan claro qué es lo que queremos. La posibilidad del dominio de sí, en definitiva, de la libertad exige un cierto extrañamiento de sí, relacionarse con uno mismo como si uno fuera un extraño. Ahora bien, ese extrañamiento de sí es concomitante a un permanecer expuesto a lo que nos supera. Y lo que nos supera por entero, desde la óptica ateniense, no es la fuerza o el poder sobrehumanos, sino el carácter irresoluble de las preguntas últimas. La ignorancia como la muerte misma, se muestran, pues, como el horizonte infranqueable de la existencia humana. De ahí, que el dominio de uno mismo solo pueda ejercerse, por un lado, como fidelidad a la pregunta por la verdad, pregunta siempre abierta, y, por otro, en lo que respecta a las exigencias de la adaptación, como ironía, como habilidad, al fin y al cabo, como la sinceridad del actor. En cambio, desde la óptica de Jerusalén, no cabe otra integridad que la del fiel: la de quien se encuentra enteramente sometido a la demanda infinita de Dios, al clamor insatisfacible de los estómagos del hambre. Bíblicamente, no hay otra integridad que la que se expresa como obediencia a una alteridad radical. Es posible que Atenas y Jerusalén hallen un punto de encuentro en el como si no de Pablo (1Co 7, 28): que los que estén alegres vivan como si no se alegrasen, los casados como si no lo estuvieran, etc. Aquí hay, ciertamente, extrañeza de sí y es posible que también mucha sinceridad de actor, la extrañeza de quienes pertenecen a los días finales. Pero es igualmente cierto que no acaba de ser lo mismo permanecer en suspenso, tensado por esas preguntas fundamentales que no resolveremos, que sujetos a la Ley de Dios, esto es, en manos del pobre. Pues, el filósofo está a un paso del nihilismo, en tanto que sospecha que no puede haber respuesta válida a la pregunta por el sentido, mientras que el creyente deja la respuesta en manos de un Dios que está por ver.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo una vez más: Atenas y Jerusalén en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: