la madurez

octubre 17, 2018 Comentarios desactivados en la madurez

Shakespeare dijo en boca de Gloucester que la madurez lo es todo. En una época en la que se glorifica la juventud, y de paso la estupidez que suele acompañarla, el dictum de Shakespeare no deja de ser una advertencia. ¿De qué hablamos, sin embargo? Pues probablemente de la incredulidad. O mejor dicho, de la dificultad para tomarse en serio el brillo. Quien ha dejado atrás las ilusiones de la infancia sabe que no hay plata sin ganga. Que un cuerpo es tan adorable como repugnante. Y que posiblemente la paz tenga más que ver con abrazar la deformidad o la tara que con la satisfacción del deseo consumado. La madurez, al fin y al cabo, es dejar de ser un estúpido o, si se prefiere, de no confundir la propia estupidez con la gloria.

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monseñor y, sin embargo, santo

octubre 16, 2018 Comentarios desactivados en monseñor y, sin embargo, santo

La noche antes de que fuera asesinado, Óscar Romero pasó por Getsemaní. “Tengo miedo, mucho miedo. Me van a matar. Y yo no quiero morir. Lo peor de todo es que me cuesta rezar. No siento a Dios”, le dijo al sacerdote que le acompañaba. ¿De verdad? Sin duda. La cuestión es si estamos ante la verdad de Dios o ante la del hombre. O toda fe es una farsa o no hay otra verdad que la encarnada por aquellos que soportan sobre sus espaldas el silencio de Dios. Y, cristianamente, que haya Dios depende de la respuesta del hombre al clamor de aquellos que sufren, precisamente, el peso de un Dios en falta. Pues Dios no es aún nadie sin el fiat del hombre. Como sabemos, Romero no se amedantró. Murió dando el pan de cada día a los que apenas tenían pan. Quizá tan solo podamos cumplir con la voluntad de Dios donde Dios se hace presente como el que no aparece como dios. Esto es, como si no hubiera Dios. Al fin y al cabo, el sentido de la entrega del hombre no pertenece al hombre. Tiene razón Metz cuando, a propósito del padrenuestro, dice que esto del rezar tiene mucho de pedirle a Dios por Dios. Que es como decir que solo somos capaces de rezar donde nuestro cuerpo cae doblegado por la ausencia de Dios.

dos muertes

octubre 16, 2018 Comentarios desactivados en dos muertes

La cultura occidental se sostiene sobre dos condenas a muerte, la de Sócrates y la de Jesús. Los paralelismos son innegables. Ambos pudieron huir, pero no lo hicieron. Aunque los motivos fuera aparentemente distintos, la verdad que encarnaron difícilmente hubiese llegado a nosotros, si se hubieran retirado a tiempo. Su caso no fue como el de Galileo. Difícilmente hubieran podido decir eppur si muove y que la cosa quedara igual. Ambos también fueron recusados por sus contemporáneos. Como si no encajaran en este mundo. De ahí que uno pueda preguntarse si el mundo es un hogar para quienes caen en la cuenta de que existimos de espaldas a la verdad. Por otro lado, ambos tuvieron a sus evangelistas o apologetas. De ahí que ser occidental suponga tener que optar entre ser filósofo o santo. Ciertamente, siempre habrá quien dirá que lo admirable no tiene por qué ser ejemplar. Y no le faltaría razón. Pero pasarse el día dando vueltas por el super quizá no sea la mejor vida a la que podamos aspirar. Aunque quizá la prefiramos.

Er

octubre 15, 2018 Comentarios desactivados en Er

Carácter es destino, que decían los antiguos. Como si aquello alrededor de lo cual pivota nuestra entera existencia hubiera sido elegido por nosotros antes incluso de nacer. Como si no tuviéramos que ocuparnos de otra cosa que de llegar a ser quienes somos. Extraño, sí. Pero también cierto. Aunque, sin duda, podemos pasarnos toda una vida sin lograr desprendernos de cuanto anda pegado a nuestra piel y, sin embargo, no nos pertenece. Pues sabemos qué preferimos, pero no fácilmente lo que deberíamos perseguir.

muerte y nihilismo

octubre 14, 2018 Comentarios desactivados en muerte y nihilismo

Hay valor porque hay muerte. Ni siquiera el amor de una madre puede durar eternamente. Basta imaginarnos inmortales para darle la razón a Nietzsche. Al final, tendremos que agradecerle a la serpiente su interés por Adán. Pues es posible que la muerte, siendo una maldición, sea al mismo tiempo nuestra suerte. No es causal que los dioses, según los griegos, nos envidiasen. Como si tan solo pudiera estar vivo quien sabe que no le queda mucho tiempo por delante.

the philosopher

octubre 13, 2018 Comentarios desactivados en the philosopher

Cuanto mayor es la conciencia, mayor es la distancia con respecto a uno mismo. De ahí que a los sócrates de todos los tiempos les dé un poco igual esto de los viajes por el mundo. Ciertamente, el viaje es un aprendizaje (o debería serlo). Es importante ver otras culturas, otros modos de estar en el mundo. De lo contrario es posible que creamos ingénuamente que los límites del mundo coinciden con los de nuestra estrecha circunstancia. Sin embargo, los sócrates nunca terminan de encontrarse en donde están. Como si fueran unos desplazados. O como si su mundo fuera otro. Es cuando menos desconcertante que Platón se atreviera a decirnos que esta es la mejor vida a la que puede aspirar un hombre. Y, sin embargo, puede que sea así. Al menos desde nuestro lado.

el todo

octubre 12, 2018 Comentarios desactivados en el todo

Hay dos modos de abordar la cuestión acerca del ser. Mejor dicho, dos puntos de partida. O bien damos por sentado que lo real es lo otro que adviene a la presencia, o bien que lo real es el todo. En el primer caso, llegamos a la dialéctica (pues lo otro solo puede hacerse presente o aparecer en tanto que desaparece por el camino su carácter de absolutamente otro). En el segundo, al Deus sive natura de Spinoza o, si preferimos ir más lejos, al inmutable e infinito ser de Parménides. La primera opción es la del sujeto que se encuentra expuesto a la desmesura de lo real, en última instancia, a su trascendencia, aunque esta se le dé bajo el aspecto de una fundamental falta de aspecto, en la forma de un eterno no-ser. La segunda, la propia de aquel que se sitúa, por decirlo así, en la posición de un espectador omnisciente. Y diría que hay más abstracción —más postureo— en esta última que en las paradójicas formulaciones de la dialéctica. Pues quien se sitúa virtualmente fuera del mundo deja, literalmente, de existir. Al menos porque quien ex-siste deambula como descentrado —como aquel cuya vida da testimonio de una alteridad sepultada en un pasado absoluto. Aunque no lo sepa. Se equivocan, por tanto, quienes creen que han alcanzado las cimas de la espiritualidad al defender la tesis de una divinidad que coincide con cuanto es. Y es que no hay espíritu que no nazca del dolor, sobre todo del dolor de quienes sufren injustamente la impiedad de los hombres. El espectador omnisciente, en tanto que no puede hallarse propiamente fuera del todo, no puede evitar terminar comprendiéndose como la conciencia de Dios. Ahora bien, desde su óptica, no hay diferencia entre la sonrisa de un niño y las fosas comunes de la Historia. O no debiera haberla. Es lo que tiene ver las cosas con los ojos de un Dios avant la lettre. No es casual que Spinoza fuera condenado, al fin y al cabo, por geómetra.