edén

mayo 31st, 2012 § Dejar un comentario

El niño es cruel porque es inocente. Un niño puede matar a su hermano como quien se corta las uñas. De ahí que solo como culpables podamos hacer el bien.

una historia de zombies

mayo 31st, 2012 § Dejar un comentario

Puede que haya vida más allá de la muerte. Pero no es seguro que nos guste.

el frágil absoluto

mayo 31st, 2012 § Dejar un comentario

El objetivo último del psicoanálisis no es la disolución del trauma por medio de la confesión, sino la aceptación del hecho mismo de que nuestras vidas incluyen un núcleo traumático que está más allá de la redención, de que hay una dimensión de nuestro ser que se resiste para siempre a la liberación.

S. Zizek

Protegido: selec2012

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psicología de la experiencia religiosa

mayo 30th, 2012 § Dejar un comentario

Casi podríamos decir que la clásica diferencia entre fe y religión obedece a dos tipos de psicologías. La que corresponde a la religión sería la propia de quien se halla instalado en el sentimiento de amparo, probablemente por haber tenido un buen padre. Aquí la posición básica, la que da pie a ciertas imágenes de Dios, es la de sentirse bajo el abrigo de una presencia intangible. La que corresponde a la fe, en cambio, sería la propia de los niños rotos, los que no han visto a su padre, aun cuando hayan contado con la eficaz gestión de un progenitor. Aquí el sentimiento básico es el una cierta orfandad, la cual tanto puede conducir a la increencia, pues eso que un niño roto no puede dar por descontado es, precisamente, que haya alguien ahí, o a la fe bíblica, la cual como sabemos no se apoya en ninguna imagen de Dios, sino en su silencio. Pues solo sobre la base de este silencio pueden las voces de los otros huérfanos revelarse como la voz imperativa de Dios. En cambio, para el que posee una típica sensibilidad religiosa, el pobre es más el destinatario del mandato de Dios que su representante, su símbolo, su huella. En ambos casos hay obediencia a Dios, aunque en el primero sea más bien una obediencia debida que una obediencia real. Desde esta óptica, casi podríamos comprender el libro de Job como el relato del tránsito de la religión a la fe, de la situación de quien supone que hay Dios a la propia de quien se encuentra sometido a Dios, esto es, en sus manos. Para el creyente, pues, el amparo de Dios no puede ya comprenderse como una simple protección —como si Dios y el ángel de la guarda fueran en definitiva lo mismo—, sino como una postergación del final, como una prórroga. Y a esto bíblicamente se le llama Misericordia.

el mapa del tesoro

mayo 30th, 2012 § Dejar un comentario

Quien busca a Dios tiene que fracasar, si de lo que se trata es de Dios. Pues con respecto a Dios no cabe algo así como un descubrimiento. Más bien, uno es descubierto, nunca mejor dicho, por Dios o, mejor dicho, por sus representantes, las víctimas. De ahí que quienes proclaman a los cuatros vientos su experiencia de Dios mientras siguen como si nada, acaben provocando el respingo, por no decir la arcada, de quienes poseen una mínima intuición de por donde van las cosas de Dios.

el chándal que cubre nuestra desnudez

mayo 30th, 2012 § Dejar un comentario

Para un cristiano, todos somos el mismo pobre. O, lo que viene a ser lo mismo, un mérito, la confianza en nuestras posibilidades, los motivos de orgullo son, en definitiva, una máscara, una impostura, una personificación. Ahora bien, aquí podríamos preguntarnos lo que nos preguntamos a propósito de la naturaleza humana: si la agresividad a la que nos obliga cualquier situación extrema revela nuestra verdadera naturaleza o si, por el contrario, nos aleja de lo que somos. Esto es, si la cultura es la piel de cordero que encubre el corazón de la bestia o si, más bien, debería entenderse como nuestra matriz. O somos alimañas que sueñan con ser ángeles o dioses que viven encerrados en el cuerpo de la bestia. De hecho, como ocurre en el caso de la botella a medias, lo cierto es que ni una cosa, ni otra. Por eso muchos sostienen aquello de que lo humano no puede comprenderse en relación con un determinado modo de ser, sino solo con respecto a una situación, un estar, un entre. Y de ahí que el ser solo pueda dársele al hombre como un problemático deber ser. Al fin y al cabo, el hombre es su posibilidad de ir más allá de donde se encuentra. O bien regresando o bien elevándose. Sea como sea, la posibilidad que es dejada de lado siempre se revelará, por eso mismo, como lo otro del hombre. Como su oportunidad o su maldición. Ahora bien, quien comprenda esto último comprenderá que el hombre tan solo pueda ser falsificándose a sí mismo, esto es, abandonando su situación.

John

mayo 30th, 2012 § Dejar un comentario

Decía John Wayne, de hecho, su personaje de siempre que el mejor apache era el apache muerto. Casi podríamos decir lo mismo del buen cristiano. Pues si uno se confiesa seguidor de Cristo y sigue en pie, viviendo a sus anchas, como quien dice, es que algo no acaba de ir como debiera.

los cuentos de nuestra infancia

mayo 29th, 2012 § Dejar un comentario

Es posible que, al fin y al cabo, un determinado modo de ser pueda comprenderse como aquello que queda del intento, siempre fallido, de pasar cuentas con nuestra infancia. Pues el hecho mismo de existir —el hecho de haber sido arrancados de la tierra— obedece en gran medida a lo que no pudo ser realizado en su momento y, con todo, debe ser aún realizado. Así, quien posee un genuino carácter es porque todavía tiene (y tendrá) cuentas pendientes consigo mismo. Aunque quizá deberíamos decir con su Padre.

ACDC, one more time

mayo 29th, 2012 § Dejar un comentario

Es innegable que el rock duro asume muchos de los elementos de la tradición cristiana o, mejor dicho, gnóstica, pues el culto y la doctrina, cuya eficacia es quasi sacramental, están al servicio de un sola idea, a saber, que no somos de este mundo. Aunque el mundo al que pertenecemos, según estos sacerdotes, no sea, ciertamente, el mundo impoluto de las vírgenes y los ángeles.

nada elemental

mayo 28th, 2012 § Dejar un comentario

El cristianismo no tiene nada de obvio. Pues lo obvio —lo natural— es que el débil tenga que morir antes de tiempo. De ahí que la igualdad, mejor dicho, la fraternidad sea una exigencia que naturalmente no podemos admitir. Quizá tengan razón quienes sostienen que esto de los derechos humanos es una ficción que, en tanto que modernamente incuestionable, enmascara el hecho de que solo somos iguales ante ese Dios que responde a la invocación del hombre con una Cruz.

cinismo y cristianismo

mayo 28th, 2012 § Dejar un comentario

Diógenes, el perro, estaba convencido que la única posibilidad de alcanzar una integridad era regresando. Que el hombre se falseaba a sí mismo donde creía que debía ocultar parte de sí mismo. El hombre es en realidad un animal y, como tal, debe desprenderse de la vergüenza. Pues no cabe alcanzar la pureza del dios donde el cuerpo sigue excretando a diario. En esto Diógenes coincide con Jesús de Nazareth, salvo en la dirección de la reconciliación. Mientras que Diógenes cree posible dejar de ser un animal simbólico y existir como un perro, el cristianismo acepta que, en tanto que hemos proyectado nuestra mierda en el extraño —el leproso, el miserable, el negro…—, no puede haber otra integridad que la de quien es capaz de abrazarlo incondicionalmente. En ambos casos, sin embargo, se trata de amar lo que debe ser negado para que el hombre pueda confiar en su ideal. Y lo que no es esto es espiritualidad qua ficción.

indefinición

mayo 28th, 2012 § Dejar un comentario

La prohibición es la matriz de lo humano, pues solo en relación con lo incuestionablemente prohibido puede darse un campo de significados, un mundo. Y es que lo incuestionablemente prohibido es, por defecto, lo que, estando ahí, en lo más íntimo de uno mismo, no puede ser admitido: el excremento, la lepra, la bestialidad. De ahí que lo inadmisible de uno mismo solo pueda ser reconocido en el enemigo, el apestado, el mal. Con respecto a lo que tiene que mantenerse en la invisibilidad, las cosas que tenemos a mano pueden ser clasificadas binariamente como sí o no, esto es, como puras o impuras, deseables o desechables. Al fin y al cabo, como representación de lo que debe mostrarse u ocultarse. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por identificarse con la imagen impoluta de sí mismo —con esa figura que tradicionalmente pasa por un dios—, el hombre permanece ligado a lo que debe ocultar de sí mismo como la imborrable posibilidad de sí mismo. Más aún como lo más real de sí mismo. Así, el hombre cree ingenuamente que puede ir perfeccionarse en la dirección de un divino modo de ser, pero su única posibilidad real es la de la regresión. Por eso mismo entendemos que no cabe una definición de lo humano. Pues una definición comporta siempre una delimitación y el hombre, en tanto que cuerpo que debe ocultar una parte de sí, no termina de ser lo que debiera. O, por decirlo con otras palabras, por ser consciente de sí mismo —por estar a una cierta distancia de sí mismo— su límite es su posibilidad. El hombre es la imposibilidad de la integridad, la inviabilidad de permanecer dentro de una determinada delimitación. En tanto que el hombre es una relación moral consigo mismo —en tanto que no debe hacer todo cuanto puede hacer—, el hombre es el cuerpo que puede ir más allá de sí mismo y, por eso mismo, trascenderse. Ahora bien, si uno solo puede reconocerse a sí mismo en relación con una determinada imagen de sí mismo, quien comprende lo anterior comprende que el hombre no podrá reconocerse en lo que en definitiva es. Si el hombre es, pues, la posibilidad de lo inhumano, el hombre es la posibilidad de dejar de ser lo que, en un momento dado, parece ser. Como si una cosa fuera su identidad, la cual siempre posee un carácter ficticio, y otra su verdad, el hecho de encontrarse entre el cielo y el infierno, el ángel y la bestia.

la droga de la bondad

mayo 28th, 2012 § Dejar un comentario

Si se trata de ser buenos, ¿tomaríamos la pastilla de la bondad, si es que la hubiera? ¿Acaso no deberíamos hacerlo? Sin embargo, el que podamos plantearnos esta desconcertante posibilidad ya nos da a entender que no se trata simplemente de ser buenos, sino de responder buenamente a quien nos reclama una respuesta. Y solo un señor puede hacerlo de tal modo que nuestra respuesta sea, más que una reacción, una entrega. Ahora bien, únicamente aquel que no podemos integrar —el inasimilable, el inadmisible, el inalcanzable— puede valer como señor de nuestra existencia. Y no hay realmente otro exceso que el de la indigencia del otro, ese default que nunca podremos abrazar hasta el final sin destruirnos. Así, el otro —el extranjero, la viuda, el huérfano…— no es tanto el objeto de nuestra bondad como aquél a quien le debemos, por el simple hecho de sobrevivir, una respuesta infinita.

transconfessional: comentarios a la teología de Javier Melloni (7)

mayo 28th, 2012 § Dejar un comentario

Dice Javier Melloni que en el fondo todo es luz. Que, al fin y al cabo, todos terminaremos formando parte de la luz, pues en el fondo no somos más que luz. Puede que esto sea cierto, aun cuando no está de más que nos preguntemos cómo puede saberlo. Ahora bien, con independencia de que esto sea realmente así, en qué medida esto tiene que ver con nosotros, los hombres y mujeres de este mundo. Pues para nosotros, los hechos en verdad no constituyen nada último. En todo caso, pueden ser algo último desde el lado del mundo, pero no desde el lado de Dios. En tanto que imagen de un Dios que se encuentra más allá de todo cuanto es, los hombres y las mujeres de este mundo no podemos integrarnos en la naturaleza de las cosas como la gota de agua dentro del mar. El cosmos permanece esencialmente inconcluso, no porque le falte una última pieza, sino porque aún no se ha pronunciado una última palabra. La posibilidad de la luz no es una respuesta para quienes murieron sin haber visto otro rostro que el del odio. La extrañeza, la cual está hecha con los materiales de la interpelación de Job, nos pertenece, pues, como aquello más íntimo. La luz no puede ser una solución al problema de la existencia. El problema de la existencia no consiste propiamente en la falta de luz. Si fuimos arrancados de este mundo no es porque encontremos a faltar un poco mas de luz, sino porque, aun cuando estemos henchidos de luz, no podemos admitir un mundo que sepultó y sigue sepultando a muchos hombres y mujeres en la más completa oscuridad. Formaremos parte de la luz y, si aún tenemos un mínimo de conciencia, nos preguntaremos qué podemos esperar con respecto a esas otras vidas. Y la respuesta no puede ser la reencarnación o la metamorfosis. Para quien ha perdido a sus hijos en las cámaras de gas no le vale saber que ellos seguirán en otros cuerpos. Y es que no es cierto que ellos seguirán, a menos que entendamos, a la manera platónica, que el cuerpo es simplemente un habitáculo para el alma y no aquello en relación con lo cual somos quienes somos. Bíblicamente, Dios no es luz, sino el Señor de la luz y la tiniebla (Is 45,7) y lo que esto significa es que ni la luz ni la tiniebla constituyen nada último. Es así que que la pregunta por la restitución de la vida de las víctimas del pasado se nos impone como el non plus ultra de nuestro paso por el mundo. Aunque no sepamos cómo podrá darse esa restitución. O quizá por eso mismo.

nonsense

mayo 27th, 2012 § Dejar un comentario

Cabe temer que a veces nos refugiemos en la falta de sentido de las cosas precisamente para evitar enfrentarnos al mal, del mismo modo que Baudelaire hizo en cierto sentido la maniobra opuesta al dar una representación estética al mal para hacerlo soportable.

Charles Taylor

transconfessional: comentarios a la teología de Javier Melloni (6)

mayo 26th, 2012 § Dejar un comentario

Una de las metáforas más empleadas por Javier Melloni a la hora de dar cuenta del fenómeno de la religión es la que comprende las religiones como diferentes visiones de un mismo paisaje. La metáfora es, sin duda, poderosa. Y como suele ocurrir en estos casos, el carácter omniabarcador de la imagen funciona como prueba de su verdad. Ahora bien, la metáfora es válida solo en el caso de que Dios sea algo así como un paisaje. Y puede que lo sea en el caso de un Dios que se confunde con el mar, pero no en el de un Dios que se encuentra más allá de todo cuanto es como el interrogante que mantiene, de hecho, todo cuanto es en suspenso, a la espera de una última palabra. Para quien se encuentra sometido a ese Dios, la totalidad no se basta a sí misma. O, por decirlo de otro modo, el todo se le impone, por lo común por la vía de un sufrimiento indecible, como no-todo. Y es que el Dios bíblico no es propiamente algo que pueda ser visto o darse de un modo u otro. Esto es, no posee la naturaleza del ente, sino la del no-ente. Y, precisamente, porque la última cosa no es en modo alguno una cosa, aunque se entienda como luz, sino un gran silencio, el mundo, mejor dicho, el clamor del mundo se revela como aquello decisivo de la existencia humana, como la voz que reclama del hombre su entrega incondicional, a la espera, como decíamos, de una última sentencia. El Dios del monoteísmo no es, por tanto, ese elefante palpado por ciegos que, por eso mismo, solo pueden hacerse una idea parcial del mismo. Más bien el que corresponde a aquellos que, de tan lejos que están de ese elefante, ya no tienen nada divino que palpar. Tan solo oídos para escuchar. De hecho, el enviado ya nos dijo con feroz insistencia aquello de que quien tenga oídos, que oiga. Y los toqueteos mejor dejarlos para las noches del sábado. O, lo que es peor, para las dinámicas del autoconocimiento.

som testimonis

mayo 26th, 2012 § Dejar un comentario

Si el cristianismo ha dejado de ser creíble para muchos es en gran medida por culpa de los cristianos que se sientan en los primeros bancos de las iglesias. Esos que viven de Dios y no para Dios. Esos que cantan con gran desparpajo aquello de som testimonis de la resurrecció sin haber cargado con el peso de los muertos. Vergüenza debería darles tomar el nombre de Dios en vano. Y es que Dios se muestra en mayor medida en los silencios elocuentes de quienes saben de qué va esto de Dios —de quienes sangran por el costado— que en aquellos que van por ahí satisfechos de su fe sin el menor atisbo de perplejidad. ¿Acaso no se nos dijo que quienes están más cerca de Dios son los que se sienten más lejos de Dios (Mt 25, 31)? Sigue siendo tan cierto hoy en día como en tiempos de Jesús que la gran bestia intra ecclesiam de la fe son los fariseos, aquellos que han secuestrado a Dios con la excusa de su justificación. Las bestias rubias del cristianismo harían bien en leer aquello de que serán vomitadas de la boca de Dios en el momento de la Verdad (Ap 3). Pues es posible que solo si sienten asco de sí mismas puedan ir más allá de su maldito yo.

sobre dioses y tumbas

mayo 26th, 2012 § Dejar un comentario

Hay un Dios para quien vive en un mundo en donde todo es conforme al orden paradigmático de las cosas y otro para los que ya nacieron a traspiés. Un Dios para los niños y otro para los niños rotos. Un Dios para los mundos-burbuja y otro para el mundo. El primero garantiza tu felicidad. El segundo te arroja en brazos de los cualquiera. El primero es tu Dios. El segundo es verdadero.

aborto

mayo 26th, 2012 § Dejar un comentario

La noticia saltó hará un par de días. Un médico ha sido condenado a costear la manutención del niño que nació meses después de que le practicara a la madre un falso aborto. Aquí la pregunta es cómo se sentirá ese niño cuando crezca y sepa que su madre hizo todo lo posible para que no naciera. Y es que no es lo mismo saberse hijo de la voluntad de los padres que de su error. Más aún: supongamos que el médico sabía perfectamente lo que hacía. ¿Quién es el padre en verdad? ¿Quien quiso que naciera ese niño? ¿Acaso al crecer no iríamos en busca de quien hizo posible que siguiéramos con vida? Vivir no es lo mismo que morir. La vida siempre se nos da bajo la forma de un imperativo. Vivir es un debes vivir por encima de la muerte. La polémica sobre el aborto no tiene solución si se plantea en los términos habituales, a saber, como si lo único que tuviéramos que determinar es cuándo el feto puede ser considerado humano. Pues aquí ocurre como con un montón de arena: que no cabe precisar en qué momento unos cuantos granos de arena comienzan a ser un montón de arena. Quien dice que el aborto no es un crimen es porque toma su sensibilidad como la medida de lo que es. Pero no hay que ser un Platón para comprender que la sensibilidad no da la medida de lo real. Y es que lo que una mujer gestante tiene en su vientre no es ciertamente un interlocutor, sino una vida con destino humano. Suficiente como para tomarla en serio. Para quien solo tiene en cuenta su sensibilidad matar es en cualquier caso matar a lo que se nos muestra como nuestro semejante. De ahí que sensiblemente cueste más sacrificar a nuestro perro que abrirnos de piernas para que el ginecolo proceda como quien se corta las uñas. Pero ya sabemos que si Paul Tibbets a bordo del Enola Gay pudo lanzar la bomba sobre Hiroshima fue porque desde el aire no veía más que puntitos.

inversa proporcional

mayo 25th, 2012 § Dejar un comentario

La credibilidad de un creyente es inversamente proporcional a la cantidad de veces que se llena la boca con su experiencia de Dios. Esto es: a menos silencio, menos Dios y más yo. Tampoco es causal que la gente pase de esto del cristianismo, si quienes se encargan de transmitirlo, más que remitir a las vidas que hablan de Dios, no hacen más que dar su testimonio. Como si Dios no doblase por el espinazo la vida de sus elegidos.

misterios eleusinos

mayo 25th, 2012 § Dejar un comentario

La música es una religión. Si necesitas levantar el ánimo, no hay nada como unas dosis de ACDC. En vena, a ser posible.

malas compañías

mayo 25th, 2012 § Dejar un comentario

Desde hace ya un tiempo, algunos están convencidos que para hacer creyentes antes hay que hacer hombres y mujeres capaces de Dios. Esto es: que primero hay que trabajar la interioridad, si lo que se pretende es facilitar el acceso a Dios. O, por decirlo con otras palabras, que primero hay que hacer un hueco para que luego ese hueco pueda llenarse con las cosas de Dios. Sin embargo, es muy posible que se equivoquen, por la sencilla razón de que, en la tradición cristiana, Dios siempre ha cogido a sus elegidos por el pescuezo. Más aún, bíblicamente los capaces de Dios no son quienes por la vía de la purificación se han hecho a sí mismos capaces de Dios, sino aquellos que han sido vaciados por el mundo de toda dignidad, incluso la espiritual: los pobres, los desgraciados, los sin Dios. Si Dios es interrupción —que lo es— el único modo de acceder a Dios o, mejor dicho, de ser interrumpido por Él es por medio del relato de aquellas vidas marcadas por Dios. Siempre fue así y las cosas no tienen por qué ser hoy distintas. De hecho, el mismo Jesús, cuando tenía que hablar de Dios o de su Reino, lo hacía por medio de parábolas. Las parábolas —o, en su defecto, las vidas de los santos y, en última instancia, la vida y muerte de Jesús de Nazareth— son la única clave hermenéutica para comprender el hablar humano de Dios como un hablar de Dios. Un acceso metodológico a Dios olvida aquello tan cristiano de que no hay otro acceso a Dios que el que pasa por encajar la pro-vocación de un Crucificado. La vía de la interioridad, entendida a la manera oriental, puede que conduzca a Dios, pero no al Dios cristiano. Pues quien escucha la voz del Dios del Sinaí —la voz de un Dios que cuelga de una Cruz— escucha el clamor de las víctimas con las que ese Dios se identifica. La interioridad cristiana es, ciertamente, un hueco, pero un hueco provocado por esas voces que claman al cielo más allá de los límites de la celda monástica. La interioridad cristiana es siempre el efecto de interiorizar esas voces humanamente insoportables. El resto es narcisismo. No es casual que quienes defienden esto de la pedagogía de la interioridad no sepan contar historias de tan ebrios que van por haberse bebido el mar. Pero su fiesta no tenemos por qué pagarla los demás. Esa pedagogía hará buenas personas, en el mejor de los casos, pero no creyentes. Hay que ser muy ingenuo para dar por hecho que el siguiente paso de la posición del loto es un cuerpo arrodillado.

bautismo

mayo 24th, 2012 § Dejar un comentario

Dice Marcos: el que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado (Mc 16, 16). Y muchos se llevan las manos a la cabeza. ¿Cómo pueden los cristianos decir eso? ¿Es que acaso un ritual puede dar mecánicamente la salvación? ¿Acaso ésta puede depender de lo que creamos? Una vez más, vemos que si podemos hacernos estas preguntas es porque estamos lejos de entender de qué va este asunto de la salvación. Ciertamente, el malentendido es debido a la deriva del cristianismo histórico, pues lo que fue originariamente el signo eficaz de la salvación —el bautismo— terminó siendo una costumbre de los que no necesitamos de hecho ninguna salvación. Pero la degeneración de una verdad en costumbre no suprime el carácter verdadero de esa verdad, sino que en todo caso nos impide acceder a ella. Para comprender de qué va esto del bautismo nada mejor que una historia bíblica. En el documental los olvidados de los olvidados, hay un momento en que Grégoire Ahongbonon rescata a un hombre que vive en la calle. Sucio y hambriento ese hombre ha dejado atrás su dignidad hasta casi enloquecer. Pues bien, una vez lo ingresa en lo que el mismo Grégoire llama la casa de Dios, esas cuatro paredes que acogen, como no podía ser de otro modo, a los abandonados de Dios, lo primero que hace es dale de comer, para luego poder cortarle el pelo y lavarlo, esto es, para poder bautizarlo. Es innegable que el gesto de Grégoire le restituye a ese hombre la humanidad perdida. El hombre nace de nuevo por la gracia del enviado de Dios... de tal modo que ese hombre, una vez rescatado, no puede hacer otra cosa que ponerse en manos de Grégoire, esto es, honestamente no puede hacer otra cosa que creer, confiar en él. Señor qué quieres que haga. Viendo la escena se hace inmediatamente comprensible aquello de la eficacia del sacramento, la cual no tiene nada de mágica: el bautismo en este caso no se añade a la salvación, sino que es esa misma salvación. De ahí la sentencia de Marcos: el que sea bautizado será salvo… porque solo el bautismo puede rescatarnos de la indigencia. El bautismo, pues, solo vale como sacramento cuando es el gesto de la compasión de Dios, es decir, el gesto de aquellos hombres y mujeres que, estando por entero sometidos a la voluntad de Dios, son capaces de ver, desde las simas de la existencia humana, el rostro de los pobres como el rostro mismo de Dios. No es, por tanto, casual que quienes creemos que no necesitamos ser salvados no entendamos gran cosa del Evangelio. Pero esto ya se nos dijo de buen comienzo: el Evangelio es una buena noticia para los pobres. Y, si no, que se lo pregunten a ese loco de atar.

mahatma

mayo 24th, 2012 § Dejar un comentario

Muchos cristianos —y no pocos de los no cristianos— suelen poner sobre el tapete el ejemplo de Gandhi para demostrar la vía de la no violencia como una vía eficaz. Sin embargo, el ejemplo de Gandhi no demuestra propiamente la eficacia de la no violencia, sino, como mucho, su eficacia bajo ciertas condiciones. Resulta innegable que, si nadie cogiera un rifle, no habrían guerras. Pero esta verdad es tautológica y, por eso mismo, irrelevante. La solución al problema de la violencia no puede ser solo moral, sino que tiene que ser, sobre todo, política. Esto es, no puede depender de lo que ya sabemos a priori —de las exhortaciones propias de un sermón dominical—, sino en las condiciones de una posible negociación. Y esto significa, principalmente, dos cosas: a) que la cuestión no es cómo podemos llegar a ser santos (o ángeles), sino qué debemos hacer, teniendo en cuenta que no todos conseguiremos ser santos (o ángeles); b) que la solución no es propiamente una solución, sino en cualquier caso una prórroga, un remedio; que la solución no puede darse de otro modo que como solución final… y que, como tal, no puede quedar en manos de los hombres sin transformar esa solución en un infierno. La cuestión de la política, como cuestión diferenciada de la cuestión sobre cómo deberíamos ser, nace, pues, del hecho de tener en cuenta el pecado original. Al fin y al cabo, sigue siendo cierto aquello de Hegel: que, con la excusa de lo irrealizable, el peligro de las almas bellas es acabar con las manos demasiado limpias sobre los púlpitos de la Iglesia, mientras aquellos cuya causa dicen defender siguen cubiertos con las heces del mundo. Con todo, es igualmente cierto que quien se encuentra por entero sometido al mandato de Dios no puede hacer otra cosa que ponerse en manos del enemigo sin saber a ciencia cierta cuál pueda ser la eficacia de ese gesto. De ahí que el arrojo creyente sea, antes que nada, el signo, la señal no ya de que otro-mundo-es-posible, sino de que hay un más allá del mundo, mejor dicho, un más allá de cualquier mundo. Pues lo imposible no es una posibilidad del mundo, sino el acontecimiento que quiebra la continuidad de la Historia como la encarnación misma de un Dios que envuelve la Creación con su silencio.

el crepúsculo de los ídolos

mayo 23rd, 2012 § Dejar un comentario

Es posible que en cada posicionamiento ante Dios se encuentre agazapado un resentimiento de lo más elemental. Así, como sostenía Nietzsche, si uno defiende al Dios judío y, por extensión, la igualdad entre los hombres es porque probablemente no pueda soportar la idea de que haya hombres superiores, sin tara (o cuanto menos que estén por encima de su tara). Ahora bien, algo parecido podríamos decir de quienes insisten en negar la existencia de Dios. Y aquí podemos igualmente recurrir a Nietzsche. Pues fue él quien dijo aquello de que Dios no puede existir, pues si existiera, no podría soportar no ser Dios. Y es que, desde el lado del hombre, caben cuanto menos dos posiciones básicas con respecto a Dios: o bien nos sentimos a gusto en manos de un Dios que todo lo iguala por lo bajo; o bien estamos tan centrados en el propio yo que la idea misma de una dependencia nos resulta intolerable. Por suerte —o, quizá deberíamos decir, por desgracia— la relación del hombre con Dios no se decide del lado del hombre, sino del de un Dios que, en el momento crucial, da la callada por respuesta.

transfiguraciones

mayo 23rd, 2012 § Dejar un comentario

A veces pienso que hay dos posiciones básicas con respecto a nuestro estar en el mundo. La primera sería la propia del consumidor. Desde ella todo se encuentra a nuestra disposición como objeto más o menos deseable. La segunda sería la propia de quienes sufren una experiencia chamánica, como quien dice, una de esas que te conectan con otro mundo. Tras el viaje es muy difícil seguir creyendo que el mundo que tenemos a mano es un mundo real. Así pues, o bien la realidad es lo que podemos coger; o bien la realidad es lo que siempre se encuentra del otro lado y, por lo tanto, algo que aún está por ver. Y, sin duda, parece que hay más realidad en el segundo caso que en el primero. En el mundo del consumidor, la vida es una apariencia. Esto es, los cuerpos están vivos solo mientras se nos muestran como deseables y, por tanto, solo mientras se encuentran tras el escaparate. Inevitablemente, el consumidor toma su ilusión como verdad. En el segundo caso, la vida que nos ha tocado en suerte se encuentra, en cambio, suspendida, pendiente de resolución, a la espera de lo que aún debe acontecer, pues lo decisivo de la existencia no nace de nuestro interés por las cosas que nos rodean. Sin embargo, por eso mismo, esas mismas cosas quedan, en su fragilidad, transfiguradas por ese otro mundo por venir. Son espectros, índices, síntomas de una inviable alteridad. Como si al fin y al cabo, este mundo no fuera nuestra patria. Tan solo hace falta que el otro mundo se quede sin imágenes —tan solo hace falta que ese más allá guarde silencio— para que de repente nos encontremos expuestos a la experiencia judía de Dios. Y de ahí a la idea de que el verdadero espíritu es un hueso hay un paso.

amor al enemigo

mayo 22nd, 2012 § Dejar un comentario

Creo que no es causal que quienes se llenan la boca con esto del amor al enemigo —quienes incluso lo cantan como si fuera lo más bonito del mundo— sean críos o célibes. Esto es, nadie con hijos. Pues el enemigo no es simplemente el pobre, sino aquél que te amenaza con matar a tus hijos o, lo que es peor, aquél que ha llevado a cabo su amenaza. Un enemigo es, sencillamente, la encarnación del Mal. De ahí, que solo quien tiene hijos sepa medir el alcance del nuevo mandamiento, su carácter sobrehumano. Pues para el hombre y la mujer de buena voluntad, la gran cuestión es qué hacer donde el enemigo se muestra invencible, es decir, donde ya no cabe la negociación. Si se trata, en definitiva, de poner la otra mejilla —y esto significa aceptar que los hijos mueran a manos del enemigo—; o, por el contrario, de morir con las botas puestas, esto es, ofreciendo una feroz resistencia. De ahí que quienes tienen hijos puedan comprender perfectamente que esto de amar al enemigo no pueda hacerlo el hombre desde sí mismo. Que no se trata, al fin y al cabo, de un desideratum moral, sino de algo que solo pueden hacer quienes se encuentran sometidos por entero a Dios, es decir, aquellos que se hallan en la situación de los tiempos finales, aquellos que, quizá por eso mismo, comienzan a ver visiones que ningún hombre en su sano juicio podrá admitir como verdad. Y, así, no debería extrañarnos que, en manos de esos célibes que lo defienden con entusiasmo infantil, el cristianismo haya terminado reducido a la irrelevancia de un manual de autoayuda. Como si, en el fondo, la proclamación del kerygma consistiera en la promoción de los buenos sentimientos.

the help

mayo 22nd, 2012 § Dejar un comentario

Ayer vimos criadas y señoras (the help), una película sobre las relaciones entre las señoras blancas y sus criadas negras en el estado sureño de Mississippi durante los años 60. Se trata de la típica película de buen rollo, políticamente correcta, donde desde la primera escena ya sabemos quiénes son los buenos y quiénes, los malos. Ciertamente, esta nitidez propia de los cuentos infantiles facilita nuestra conexión emocional con los protagonistas. Pero es igualmente cierto que ello se consigue al precio de enmascarar la realidad. Para comprender qué es lo que hay detrás del racismo de las pijas blancas hay que ponerse en situación. Supongamos, por ejemplo, que las pobres y buenísimas criadas negras son nuestras gitanas rumanesas. Supongamos que algunas llevan consigo un bacilo autóctono para el que no tenemos defensas. Es muy posible que intentáramos evitar el contagio a toda costa, sobre todo el de nuestros hijos. Y, así, llegaríamos tarde o temprano al apartheid: los blancos orinan en sus lavabos y los rumanos en los suyos. Las gitanas rumanesas tienen además otras costumbres, algunas de las cuales hieren nuestra sensibilidad moral. Es muy posible que procurásemos mantener una distancia de seguridad. Todo esto es al fin y al cabo muy natural. Lo natural es alejarse del leproso, de todo aquel que pueda poner en jaque nuestra integridad. No vale transformar al otro —al negro, al gitano, al leproso…— en uno de los nuestros, para luego proclamar en voz alta que no somos racistas. El racismo, la exclusión del extranjero, va con los genes, como quien dice. De hecho, es la exclusión del indeseable lo que hace posible un hogar. No hay ciudad que no esté amurallada. Ahora bien, cuando damos por hecho que el pobre negro es buenísimo y que somos nosotros quienes tenemos un corazón de piedra, difícilmente caeremos en la cuenta de lo que supone la fraternidad cristiana, esto es, difícilmente comprenderemos su radical e inadmisible novedad. Pues nadie puede abrazar al leproso como si fuera eso lo que debemos naturalmente hacer. De hecho, es lo que no podemos —ni debemos— naturalmente hacer. De ahí que, siendo lúcidos, no tengamos más remedio que admitir que, si prescindimos de Dios —del hecho de encontrarnos sometidos a su sobrenatural exigencia—, la fraternidad sea inviable. Y es que una cosa es que el leproso pueda tener nuestros mismos derechos —cosa que es de justicia— y otra que sea nuestro hermano. Una cosa es que sea nuestro igual y otra que sea nuestro señor. Lo primero podemos tolerarlo. Lo segundo, no. Lo primero es creíble. Lo segundo, no. Pero es posible que solo bajo el amparo de lo increíble pueda el hombre vivir más allá de sí mismo. Al fin y al cabo, si el negro ha llegado a ser naturalmente un igual es porque hace ya unos cuantos miles de años algunos se atrevieron a decir algo tan increíble como que Dios se hizo negro por nosotros.

Felix, the cat

mayo 21st, 2012 § Dejar un comentario

Católicos no os dejéis arrebatar la Gloria de la carne. No os hagáis hegelianos. Que, sobre todo, el cuerpo sea eterno es la mayor esperanza que se pueda concebir y sólo cabe en una religión cuyo Dios se dejó matar para que también la muerte se salvara. Quienes no tenemos la fortuna de creer, os envidiamos ese milagro, a saber, que para Dios (ya que no para los hombres) nuestra carne tenga la misma dignidad que nuestro espíritu, si no más, porque también sufre más el dolor. Rezamos para que estéis en la verdad y nosotros en la más negra de las ignorancias. Porque todos querríamos, tras la muerte, volver a ver los ojos de las buenas personas. E incluso los ojos de las malas personas. En fin, ver ojos y no únicamente luz.

Félix de Azúa

la ‘bona gent’

mayo 21st, 2012 § Dejar un comentario

Muchos cristianos aún van diciendo por ahí que lo importante es hacer el bien, ser en definitiva buena persona. Como si lo de menos fuera la creencia. Como si ésta fuera algo que se añade a las buenas obras a la manera de un gabán. Y, ciertamente, si hemos de hacer caso de Mt 25, lo decisivo es dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Ahora bien, ¿quiénes pueden menospreciar la confesión creyente? ¿Quiénes pueden decir que la necesidad de dar fe no va con ellos? Somos nosotros, los satisfechos, los que aún podemos creer en nuestra posibilidad. No las víctimas. No los salvados. No el leproso que, a pesar de la prohibición expresa de Jesús de Nazareth, no puede evitar proclamar a los cuatro vientos su curación (Mc 1, 40-45). Ellos están obligados, como quien dice, al reconocimiento. No me imagino al leproso del evangelio diciendo solo que lo importante es ser buena persona. O a esos locos de atar, que son liberados con bíblica obsesión por el volado de Grégoire Ahongbonon, que tampoco importa tanto lo que uno pueda decir acerca de Grégoire. Pues esos locos, los cuales se arrastraban por la vida habiendo abandonado toda esperanza como si el mundo fuera ya el infierno, no pueden menos que reconocer a Grégoire como aquél que los sacó de la muerte y, por eso mismo, como señor de su existencia. El loco que no crea que ha contraído una deuda infinita con Grégoire —el loco que no se encuentre obligado a responderle, aquél que no se sienta empujado a reconocerle como Dios— sigue en verdad atado a su árbol, aun cuando de hecho pueda ir por ahí. Los evangelios no serían una buena noticia para los pobres, si se hubieran limitado a decir que lo importante es ser buena persona. Y es que en esto de la fe hay dos lados. Uno anuncia y el otro prescribe. Quienes se quedan solo con la prescripción —quienes no ven otra cosa que lo que deben hacer para merecer la bendición de Dios— es que no han experimentado la salvación. Siguen creyendo, como los antiguos fariseos, que solo la Ley salva. Y, ciertamente, del lado de Dios, solo se salva quien cumple con su voluntad, aquellos que obedecen al clamor de los miserables. Pero, de nuestro lado, no podemos hacer otra cosa que admitir que, si podemos responder a la llamada de Dios, no es porque sepamos que solo respondiendo a su llamada seremos salvados, sino porque previamente hemos experimentado la salvación de Dios. Porque la redención fue por delante somos capaces de responder. Sin duda, Mt 25 va a misa. Pero quienes recurren a este fragmento evangélico para decir que lo importante es hacer el bien olvidan que eso solo puede decirlo Dios. Que si somos capaces de hacer el bien, no es porque sepamos que lo importante es hacer el bien, sino porque antes hemos recibido el bien. Olvidan, al fin y al cabo, que los mortales solo podemos aceptar la salvación y obrar en consecuencia. O mejor dicho: que solo aceptando la salvación podremos obrar en consecuencia. Aunque para eso haya que estar cubierto de lepra o atado a los árboles como el loco de Grégoire.

pirkei avot

mayo 20th, 2012 § Dejar un comentario

En los fragmentos del Pirkei avot encontramos aquello de que el salario de la obligación es la propia obligación. Alguno tendría que preguntarse si la ética kantiana no es, al fin y al cabo, una secularización del sentido judío de la Ley.

palabra de Marc

mayo 20th, 2012 § Dejar un comentario

Al final, et serà pres tot el que no has donat.

Marc Vilarassau

Ariel lava más blanco

mayo 19th, 2012 § Dejar un comentario

Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.

R. Tagore

del amor y otros demonios (y 2)

mayo 19th, 2012 § Dejar un comentario

Una cosa es tener una mujer para engendrar unos cuantos hijos (y aquí cómo sea la mujer es lo de menos, la salud por descontada). Otra es estar con una mujer porque te gusta y los hijos, si vienen, ya vendrán. Y otra es querer tener hijos con una determinada mujer. Una cosa es estar atado a la tierra. Otra haber sido arrojado a ella. Y otra redimirla con nuestra fecundidad.

las frases de Rudolf

mayo 19th, 2012 § Dejar un comentario

Rudolf Bultman decía que el ateísmo de la ciencia contemporánea “no puede consistir en que niegue la realidad de Dios, pues la ciencia sería también atea, si afirmara esa realidad en cuanto ciencia.” Traducción: Dios no se revela como hecho, ni siquiera como hecho o ente sobrenatural. Pues un hecho o ente sobrenatural sigue siendo objeto de un posible conocimiento. Ahora bien, si no se trata de un hecho, ¿de qué se trata entonces? Lo hemos dicho muchas veces: un creyente no es aquel que sabe que Dios existe o, cuanto menos, lo supone, sino aquel que se encuentra sometido a la realidad de Dios. Ahora bien, uno solo puede encontrarse sometido a un Dios cuya realidad no se muestra según la medida de nuestro conocimiento, es decir, un Dios que no se da según el modo del presente, sino como aquello que se encuentra, no ya en otro mundo, sino más allá de cualquier mundo, incluido el otro. Dios se revela, en sí mismo, como lo otro del mundo. Y en verdad lo otro del mundo es esa mezcla de silencio y promesa que abraza todo cuanto es. De ahí que bíblicamente digamos que quien se encuentra sometido a Dios no sepa a ciencia cierta qué decir acerca de Dios. Un cristiano cuando le exigen hablar de Dios no debería, pues, llenarse la boca con Dios. Más bien debería hablar de aquellos que sufren su trascendencia, de aquellos que lo encuentran en falta, al fin y al cabo, de aquel Crucificado que ocupa su lugar. Un creyente es, en definitiva, aquel que permanece a la espera de Dios y, por eso mismo, a la espera del final de los días. No es casual que el cristianismo nunca haya hecho buenas migas con esos que dicen saberlo todo sobre Dios, los gnósticos de diversa calaña… a pesar de que haya sobrevivido tolerando en sus filas ese gnosticismo que, por otro lado, condena.

de la muerte, una vez más

mayo 19th, 2012 § Dejar un comentario

Como cuerpos conscientes que somos, una cosa son los hechos y otra lo que ocurre en realidad. Los hechos no dejan de darse según la medida de nuestra receptividad. O, por decirlo con otras palabras, un hecho es lo que se corresponde con una representación mental verdadera. La realidad en cambio es aquello que siempre se encuentra, como quien dice, más allá de nuestra representación de la realidad como la condición misma de que podamos experimentar, precisamente, las cosas como tales. La realidad es lo inalcanzable de lo que de algún modo se encuentra ante nuestros ojos. De ahí que siempre podamos preguntarnos qué es eso que nos traemos entre manos. La realidad es en cualquier caso el asunto pendiente de nuestra experiencia de las cosas que pasan. Y es que si una rosa es una rosa es porque el carácter otro de esa rosa no puede mostrarse como característica. Si una rosa es una rosa es porque, al fin y al cabo, una rosa no es una rosa. La diferencia entre hecho y realidad se percibe claramente a propósito del morir. La muerte, de hecho, es una parálisis, un término, un cesar. Pero, en tanto que nos enfrentamos a ella, en realidad la muerte es lo inalcanzable de la existencia, en última instancia, un límite moral. Pues aun cuando de hecho pudiéramos rebasarlo, no deberíamos. Y es que un hombre no puede alcanzar la inmortalidad sin dejar atrás, precisamente, su humanidad, la cual consiste en un encontrarse expuesto al más allá de todo cuanto es, en definitiva, un enfrentarse a la nada que sostiene la existencia. Sin muerte, el hombre queda reducido a una cosa entre otras, integrado en una totalidad sin final. Más aún: la muerte es en verdad un asunto cósmico. Y es que un cosmos que no se encuentre abrazado por un silencio de muerte es un mundo en donde el hombre no tiene nada que hacer, un mundo que no es más que esa circunstancia que obliga al hombre a reaccionar, pero en modo alguno a responder. Con todo, sigue siendo cierto que el hombre es, de hecho, la posibilidad de perder su alma. Fausto fue, ciertamente, uno de los nuestros.

la perplejidad de Job

mayo 19th, 2012 § Dejar un comentario

Quizá sea cierto que solo podemos habitar un mundo en donde las cosas se revelan como un motivo de contemplación. Pero quizá sea igualmente cierto que hay cosas que no admiten ser contempladas desde una debida distancia sin pagar un alto precio. Hablamos, sin duda, del horror. De ahí que no pueda haber nada que contemplar, mientras los niños sigan muriendo en las cámaras de gas de la Historia. El horror y la belleza siempre fueron las dos caras de una misma alteridad.

del amor y otros demonios

mayo 18th, 2012 § Dejar un comentario

Lo que ignora la mayoría de los hombres y las mujeres de hoy en día es que esto del amor suele estar hecho con materiales de derribo. Como si, al fin y al cabo, el amor solo pudiera darse como reconstrucción. El motivo de tanta ignorancia o ingenuidad quizá tenga que ver con que esas grandes historias de amor que vemos por ahí, no sean propiamente de amor sino de las cosas que pasan entre los que sufren un chute hormonal. Pues todo comienza en realidad, si es que comienza, cuando ya no quedan perdices que comer. Será cierto que el amor es el abrazo de los náufragos. Un asunto de débiles, ancianos o enfermos. Una bienaventuranza.

los peligros de la navegación

mayo 17th, 2012 § Dejar un comentario

Navegando por ahí me encuentro con esto a propósito de la Resurrección:

la insensatez de la cruz es también la locura de la resurrección… es el permitirse sonreir cuando todos están ‘opacados’ por las preocupaciones, ser positivo cuando todo se ve negro, es llevar el refrescante y siempre nuevo mensaje de Jesús resucitado a aquellos que se les añejó la esperanza, es detenerse -cuando no hay tiempo- a secar una lágrima o escuchar una pena…

Pues será eso…

 

Ni os alemanes exterminados por la bestia bolchevique
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